sábado, 31 de diciembre de 2011

Todo concluye al fin, si, hasta los años que terminan con 11.

Bueno, sinceramente, este fue el mejor año de mi vida hasta ahora.
Empecé el año bastante mal, pero mejoró de formas insospechadas. Conocí a mi novia, alguien a quien amo completamente y me ayudó muchísimo a mejorar como persona en todos los sentidos.
Conocí a Me La Baja, conocí un gran grupo de gente que me ayudó mucho realmente. Siempre una persona muy tolerante, pero ellos me ayudaron a mejorar como persona, en todos los aspectos.
Conocí mucha, mucha musica, gente del foro de los Arctic Monkeys, también.
Conocí Buenos Aires, y me enamoré. Entendí lo que les sucedía a Borges, Cortazar, y a Cacho Castaña cada vez que caminaban por esas calles que nunca, nunca duermen.
Este año, fui feliz. Tuve experiencias que nunca pensé que me iban a pasar. Me enamoré de la gente. En general. Si me tienen en facebook, o alguna vez quieren hablar con alguien, hablenme, que siempre estoy dispuesto a dar conversación sobre lo que sea.
Anyway, quería mandarle un saludo y un beso a todas las personas que lo necesitan. Lo mismo para la gente que lee/leyó/leerá lo que escribo, y a los que comentan y califican. En serio, son de mucha ayuda y ánimo para mi. Y como dijo Spinetta alguna vez, ''Aunque me fuercen yo nunca voy a decir que todo tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor''.
Un feliz año 2012 para todos, que no se acaba el mundo.

viernes, 30 de diciembre de 2011

La vida rural, la vida citadina.

Lo cierto es que nunca fui una persona que le gustara el lugar en el que vivía. Siempre me quejé de los bichos, animales que me molestaban y todo eso. Siempre, desde chico me atrajo lo urbano, la calle. La calle, de una manera poética, no la calle de la que hablan los padres cuarentañeros que se refieren a que las experiencias de salir todas las noches en los fines de semanas a garronear chicas con algún que otro sorbo de bebidas espirituosas sobre su organismo. Me refiero a la calle como lugar de exposición de la gente, en el cual todos nos ponemos sobre el cemento a caminar, y trasladarnos, a la mirada consciente o inconsciente de los demás.
Hoy fui a la chacra de mi abuela con mi viejo y pasamos por una parte rural habitada. Miré a los chicos, viviendo una vida en la que generalmente ayudan a sus padres con tareas relacionadas a labrar la tierra, y cosas así. Y no se, me di cuenta que no podría vivir en un ambiente así. Me gustan los paisajes naturales (no tanto como los artificiales, pero si), pero no podría vivir en uno de ellos. Yo necesito gente, mucha gente alrededor. Quiero variedad, quiero diversidad, quiero nutrirme de todos y que alguno se nutra de mi. Necesito sentir el suelo regular, las calles de piedra, las casas de cemento, los edificios, altos, superiores sin saberlo ni sentirlo.

Una de las cosas que mas amo de Buenos Aires es esa. La diversidad. La cantidad de propuestas culturales del lugar. De todo tipo. A veces habrá que buscar con un poco más de detenimiento, pero que la hay, la hay. Hay tanta gente, gente dispuesta a hablar de lo que vos imagines que a veces desde acá me parece ilógico que todos (o la gran mayoría) se sientan constantemente solos. Hace unos días hablaba con una amiga sobre eso. Tengo la teoría de que un día, en Buenos Aires, pasó algo. Nadie sabe qué, nadie sabe cuando, pero pasó algo que hizo que de repente, todos se sintieran solos. Algo que pasó hace mucho. La población creció, y creció la soledad. Y es una bola de nieve muy, muy difícil de parar. Y ahí es donde está la otra característica de Buenos Aires que me gusta. Lo crudo que es todo.

La gente es cruda, los sentimientos están muy a flor de piel. Es algo que les juro se puedo sentir, se puede ver a la gente, a su historia, podés darte el placer de imaginarte sus vidas, sus romances, sus fracasos, sus triunfos, sus gustos. Podés imaginar vidas, con todas esas personas, inventar historias. Y tenés 10 millones de personas,  todas muy diferentes entre si. Sos una especie de dios imaginario, y solo gobernás sobre el mundo que vos creás en tu mente.

Sos una especie de mago, podés tirarles hechizos a tus pequeños ciudadanos, protagonistas de historias de las que nunca se van a enterar, a menos que los encuentres de nuevo, y te animes a decirles que los utilizaste para historias en las que ellos mismos nunca se habrían imaginado. El poder de la imaginación, y el anonimato.

Bueno, me extendí mucho. Tal vez siga hablando de lo mucho que amo a Buenos Aires en otro momento.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Frontera.


El mundo es vulnerable a tu andar
A tu majestuoso, e incesante caminar
Acaso no sabes que uno de tus pasos
Hacen que mi suelo deje de estar abajo?

martes, 27 de diciembre de 2011

Todo niño sensible sabrá de lo que ellos están hablando.

Me enteré del evento gracias a Facebook. Llegué, junto a mi novia, y había poca gente. Yo (sentimiento de pueblerino, supongo) me sorprendí al darme cuenta que el lugar era un casa antigua, muy bonaerense, con techo muy, muy alto. Patio interno, decorado con luces navideñas.
De a poco empezó a llegar gente, estaban los músicos, estaba León Rogani, estaba Zabo y (parte de) la Tutti Frutti Orchestra. Había pizzas ricas, con un cocinero con cara de formar parte de Onda Vaga, un chico que cobraba las pizzas y daba las bebidas. Todo a un precio muy aceptable, o, segun el evento, precios populares (genial expresion, creo que la usaré en algun momento).
Comimos un rato, con musica linda de fondo, gente linda, y un ambiente en el que se respiraba mucha intimidad, la cual aumentó cuando empezaron a tocar.

Entramos todos a la sala de conciertos (una pieza altísima, enorme y blanca, blanca), y al lado de un piano, había algunas sillas en las cuales se sentaron León y Zabo. León se calzó la guitarra y comenzó a cantar, y al escucharlo lo unico que se me venía a la cabeza era que definitivamente le hacía honor a su nombre. Se podía escuchar como cantaba con el sentimiento de haber vivido o sentido o visto o imaginado todas sus canciones, antes en forma de situaciones. A veces eran voces susurrantes, a veces gritos que te raspaban el oido, pero de una manera que te hacía poner la piel de gallina, como que cada cancion era una cicatriz que tenía muy dentro, y que por un rato, nos había permitido verlas, abriendo un poco el pecho. Tocó varios temas propios, y luego terminó con algunos covers.

Salimos de la salita, y descansamos unos minutos para luego empezar a disfrutar del show de Zabo.

El, una guitarra, un chico con una flauta melódica (el cual lamentablemente no recuerdo el nombre) y dos chicas muy lindas las cuales se encargan de hacer los coros/voces secundarias (Lena y Lucía) se sentaron en las sillas, hablaron un poco con la gente, y comenzaron.
Canciones sensibles, de alguien que tuvo sus problemas con el amor, pero que no tiene miedo de contarlos, para que uno pueda (tal vez) aprender de lo que le pasó. Sus temas son relatos un poco dramáticos, tal vez dramáticos como el amor mismo, a veces adornados con algunas cuotas justas de humor. Algunas canciones que ya empiezan a ser coreadas por la gente (Y el Oscar va para...), y una comunion entre la gente que siente las canciones, los que las sufren en el momento y otros que recuerdan cuando se sentían de la misma manera. Algunos pequeños enganchados, como Rolling In The Deep, de Adele, y un cover de Tirate Un Paso, de Los Wachiturros que unió dos mundos bastante diferentes.

Todos sentados, escuchando a esa gente que no se la da de mejor que los demás, se abre con vos y camina al lado tuyo y te pide disculpas por haberte golpeado sin querer con un paquete de pañuelitos (Hola, zabo!)

Me vuelvo a Rio Negro con muchas ganas de volver a verlos a los dos, sea por separado o juntos. Venganse a la patagonia, los espero con empanadas.