domingo, 20 de mayo de 2012

Anatomía, Tomo 7: Cuello.

Un día, me pareció ver que te dabas cuenta de que te estaba observando.
Fue en mayo, ese día en el que busqué tu cuello con mis ojos. Era más que un simple conector entre tu cabeza y el torso; era el lugar al que iban a parar mis manos, lentamente, para acariciarlo con solo un dedo y luego con los demás.

Besos en las mañanas, cuando escapabamos de clases para quedarnos tirados en la plaza, arrancando pasto, o dentro de un café durante el invierno. Fueron experiencias muy bellas, pero quiero remarcar que en invierno se daba algo muy placentero e interesante: despues de esperar el colectivo en el frío, mis (nuestros) labios se sentían helados, hasta secos, podría decir. Bajábamos, nos decíamos hola y nuestros besos eran un sol que alumbraba el ambiente. Después de tu boca con mi boca, mis labios se desplazaban hacia tu mejilla, pálida, para ir bajando aún más y encontrar tu cuello, completamente descubierto hace un rato ya de la bufanda que yo te había regalado la semana anterior.

Que preciosos momentos aquellos en los que mordía suavemente el costado derecho para besarlo luego, y volverlo a morder. Que gustoso me sentía cuando hacías lo mismo. Volvías tu cabeza hacia atrás, entregandote, liberandote de la presión de los demás.

Ya todo pasó hace un mes. Como lo voy a olvidar.

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