domingo, 21 de octubre de 2012

Anatomía, Tomo 9: El final.

Era lindo viajar atrás tuyo. Recuerdo un día en el que habíamos arreglado hacer que nos desconocíamos para viajar una mañana como si fuéramos totales extraños. Yo estaba sentado como estoy hoy: con mi remera blanca y mi pantalon a rayas; vos, con tu pulover rosa con interior gris. No había casi nadie esa mañana en el colectivo. Era casi fin de año y todos se daban el lujo de faltar porque si. Y en ese frenesí de calma, me incliné, e invadiendo tu espacio personal , besé tu cuello. Y vos no pusiste resistencia. Incluso escuché un pequeño y suave ''mmm...'' de aprobación. Y volví a mi asiento. Y los dos sonreímos el resto del viaje. Pero, como todo, llegué al final del recorrido. Yo me vine a Buenos Aires y no te vi más. Y vos tampoco a mi. Fue bastante sano, verdaderamente. Fuimos un ejercicio el uno para el otro. Yo serví, proveyendote mis miradas desde el asiento de atrás para que te sientas linda y vos me serviste para poder pasar el tiempo sobre el vehículo de una forma más placentera. De que otra manera me ibas a servir? Si nunca te hablé. Nunca pude animarme a hablarle a alguien como vos. Creo, tengo la ferviente creencia de que eras demasiado para mi. En mi mente, quise rendirte un tributo y logré mentirme para creer que te amaba, y logré escribirte esto. Ojalá, algún día, alguien con coraje sienta por vos lo que yo no pude decirte. Esta es mi parada. Hasta siempre.

1 comentario:

Anónimo dijo...

awwwwwwwwww sos un tierno!pero como no la hablaste?